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Nuestra Creencias

Los 28 Principios Fundamentales de Nuestra FE

Al presentar al público esta sinopsis de nuestra fe, deseamos hacer muy claro que no tenemos artículos de fe, credo o disciplina fuera de la Biblia. No presentamos esto como si tuviese autoridad sobre nuestro pueblo, ni está diseñado para asegurar entre ellos una uniformidad, como un sistema de fe, sino que es una breve declaración de lo que ellos sostienen, y han sostenido, con gran unanimidad. A menudo encontramos necesario res­ponder preguntas sobre este tema y algunas veces para corregir falsas declaraciones cir­culadas contra nosotros, y para remover impresiones erróneas que han obtenido de quienes no han tenido una oportunidad de familiarizarse con nuestra fe y práctica. Nuestro único objetivo es satisfacer esta necesidad.

Con estos comentarios, solicitamos la atención del lector a las siguientes proposiciones que buscan ser una declaración concisa de las características más prominentes de nuestra fe[1].

  1. Que hay un solo Dios, personal, ser espiritual, el Creador de todas las cosas, omnipoten­te, omnisciente y eterno; infinito en sabiduría, santidad, justicia, bondad, verdad y miseri­cordia; inmutable y presente en todas partes por su representante, el Espíritu Santo. Sal. 139:7.
  1. Que hay un Señor Jesucristo, el Hijo del Padre eterno, por quien todas las cosas fueron creadas y por quien todas subsisten, que tomó para sí la naturaleza de la semilla de Abrahán para la redención de nuestra raza caída; vivió entre los hombres, lleno de gra­cia y verdad, vivió nuestro ejemplo, murió nuestro sacrificio, fue levantado para nuestra justificación, ascendió a las alturas para ser nuestro único mediador en el santuario ce­lestial, donde a través de los méritos de su sangre derramada, asegura el perdón de los pecados de todos los que continuamente vienen a él; y como parte final de su obra como sacerdote, antes de tomar su trono como rey, consumará la gran expiación por los peca­dos de todos ellos, y sus pecados serán entonces borrados (Hechos 3:19) y quitados del santuario, tal como se mostró en el servicio del sacerdocio levítico, que anticipa y prefi­gura el ministerio de nuestro Señor en el cielo. Ver Levítico. 16: Hebreos. 8:4, 5; 9:6, 7.
  1. Que las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento fueron dadas por inspira­ción de Dios, contienen una completa revelación de su voluntad al hombre, y son la úni­ca regla infalible de fe y práctica.
  1. Que el bautismo es una ordenanza de la iglesia cristiana, que sigue a la fe y al arrepentimiento, una ordenanza por la cual conmemoramos la resurrección de Cristo, ya que por este acto mostramos nuestra fe en su muerte y resurrección, y a través de ella, en la resurrección de todos los santos en el día postrero; y que ninguna otra forma representa más adecuadamente estos hechos que la que prescriben las Escrituras, es decir por inmersión. Romanos. 6:3-5; Col. 2:12.
  1. Que el nuevo nacimiento comprende todo cambio necesario para capacitarnos para el reino de Dios, y consiste en dos partes: Primero, un cambio moral llevado a cabo por la conversión y una vida cristiana (Juan 5:3); segundo, un cambio físico a la segunda venida de Cristo, donde, si estamos muertos, seremos levantados incorruptibles, y si vivos, seremos transformados a la inmortalidad en un momento, en un abrir de ojo. Lucas 20, 36; 1 Coro 15:51, 52.
  1. Que la profecía es una parte de la revelación de Dios al hombre; que está incluida en la Escritura que es útil para instrucción (2 Tim. 3: 16); que está diseñada para nosotros y nuestros hijos (Deut. 29:29), que lejos de estar cubierta en un misterio impenetrable, es la que especialmente constituye la palabra de Dios, lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Sal. 119:105; 2 Pedro 1: 19); que una bendición ha sido pronunciada para aquellos que la estudian (Apoc. 1 :1-3); y que, en consecuencia, debe ser comprendida por el pueblo de Dios lo suficiente para mostrarles su posición en la historia del mundo y los deberes especiales que se requieren en sus manos.
  1. Que la historia del mundo desde fechas específicas en el pasado, el surgimiento y caída de imperios y la sucesión cronológica de eventos hasta el establecimiento del reino eterno de Dios, son delineados en numerosas grandes cadenas de profecía; y que estas profecías ahora están cumplidas todas excepto las escenas finales.
  1. Que la doctrina de la conversión del mundo y un milenio temporal es una fábula de estos últimos días, calculada para adormecer a los hombres a un estado de seguridad carnal, y causar que sean sorprendidos por el gran día del Señor como ladrón en la noche (1 Tes. 5:3); que la segunda venida de Cristo debe preceder, no seguir, al milenio; porque hasta que el Señor aparezca, el poder papal, con todas sus abominaciones, continuará (2 Tes. 2, 8), el trigo y la cizaña crecerán juntos (Mal. 13:29, 30, 39), y los malos y seductores irán de mal en peor, tal como lo declara la palabra de Dios. 2 Tim. 3:1, 13.
  1. Que el error de los adventistas en 1844 fue en relación a la naturaleza del evento que de­bió ocurrir, no al tiempo; que ningún período profético es dado que alcance la segunda veni­da, pero que el más largo, los dos mil y trescientos días de Dan. 8:14, terminaron en 1844, y nos llevaron a un evento llamado la purificación del santuario.
  2. Que el santuario del nuevo pacto es el tabernáculo de Dios en el cielo, del cual Pablo ha­bla en Heb. 8 y en adelante, y del cual nuestro Señor, como gran sumo sacerdote, es mi­nistro; que este santuario es el antitípo del tabernáculo mosaico y que la obra sacerdotal de nuestro Señor, con la cual está conectada, es el antitípo de la obra de los sacerdotes judíos de la dispensación anterior (Heb. 8:1-5, etc.); que éste, y no la tierra, es el santuario que será purificado al final de los dos mil trescientos días, lo que es denominado su purificación es en este caso, como en el tipo, simplemente la entrada del sumo sacerdote al lugar santísimo, para terminar la ronda de servicio con la cual está conectada, al hacer expiación y quitar del santuario los pecados de los creyentes (Hechos 3:19), y ocupa un espacio breve pero indefinido en el primer apartamento (Lev. 16; Heb. 9:22, 23); y que esta obra en el antitípo, empezando en 1844, consiste efectivamente en borrar los pecados de los creyen­tes (Hechos 4:19), y ocupa un espacio de tiempo breve pero indefinido, a cuya conclusión la obra de misericordia para el mundo habrá terminado y tomará lugar la segunda venida de Cristo.
  3. Que los requerimientos morales de Dios son los mismos sobre todos los hombres bajo todas las dispensaciones; que éstos están contenidos resumidamente en los mandamientos hablados por Jehová en el Sinaí, esculpidos en tablas de piedra, y depositadas en el arca, la cual en consecuencia fue llamada el “arca del pacto” o testamento (Núm. 10:33; Heb. 9:4, etc.): que esta ley inmutable y perpetua, siendo una transcripción de las tablas depositadas en el arca en el verdadero santuario en las alturas, el cual también es, por la misma razón, llamada arca del testamento de Dios: porque bajo el sonido de la séptima trompeta se nos dice que “el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su testamento fue vista en su templo “. Apoc. 11:19.
  4. Que el cuarto mandamiento de esta ley requiere que dediquemos el séptimo día de cada semana, comúnmente llamado Sábado, a abstenernos de nuestro propio trabajo, y al cumplimiento de los deberes sagrados y religiosos; que este es el único sábado conocido en la Biblia, siendo el día que fue separado antes que el Paraíso se perdiera (Gén 2:2, 3), y el cual será observado en el Paraíso restaurado (Isa. 66:22, 23); que los hechos sobre los cuales se basa la institución del Sábado lo confinan al séptimo día, y que no son verdaderos para ningún otro día, y que los términos, sábado judío, aplicado al séptimo día, y sábado cristiano, aplicado al primer día de la semana, son nombres de invención humana, de hecho no escritura les, y falsos en significado.
  5. Que como el hombre de pecado, el papado, ha planeado cambiar los tiempos y la ley (la ley de Dios, Dan. 7:25), y ha engañado a casi toda la cristiandad respecto al cuarto manda­miento, encontramos una profecía de reforma en este respecto que será llevada a cabo entre los creyentes justo antes de la venida de Cristo. Isa. 56: 1, 2; 1 Pedro 1:5; Apoc. 14: 12, etc.
  6. Que como el corazón natural o carnal está en enemistad con Dios y su ley, esta enemistad puede eliminarse solamente por una transformación radical de los afectos, el intercambio de principios no santos por santos; que esta transformación sigue al arrepentimiento y la fe, es la obra especial del Espíritu Santo, y constituye la regeneración, o conversión.
  7. Que todos hemos violado la ley de Dios, y no podemos de nosotros mismos rendir obe­diencia a sus justos requerimientos, somos dependientes de Cristo, primero para justifica­ción de nuestras ofensas pasadas, y en segundo lugar, por la gracia por medio de la cual podemos rendir obediencia aceptable a su santa ley en el futuro.
  8. Que el Espíritu de Dios fue prometido para manifestarse a sí mismo en la iglesia a través de ciertos dones, enumerados especialmente en 1 Coro 12 y Efe. 4, que estos dones no están diseñados para reemplazar, o tomar el lugar de la Biblia, que es suficiente para hacernos sabios a la salvación, ni tampoco la Biblia puede tomar el lugar del Espíritu San­to; que al especificar los diversos canales de sus operaciones, el Espíritu simplemen­te ha hecho provisión para su propia existencia y presencia con el pueblo de Dios hasta el fin de los tiempos para conducir a un entendimiento de esa palabra que inspiró, para con­vencer de pecado, y para obrar una transformación en el corazón y en la vida, y que aque­llos que niegan al Espíritu su lugar y operación, claramente niegan esa parte de la Biblia que le asigna a él esta obra y posición.
  9. Que Dios, de acuerdo con su trato uniforme con la raza, pronuncia una proclamación de la cercanía de la segunda venida de Cristo, y que esta obra está simbolizada por los tres mensajes de Apocalipsis 14, el último resaltando la obra de reforma respecto a la ley de Dios, para que su pueblo pueda adquirir una completa preparación para ese evento.
  10. Que el tiempo de la purificación del santuario (Ver proposición 10), sincronizado con el tiempo de la proclamación del tercer mensaje (Apoc. 14:9, 10), es un tiempo para el juicio investigador, primero con referencia a los muertos, y segundo, al final del tiempo de prue­ba, con referencia a los vivos, para determinar quiénes de los millares que duermen ahora en el polvo de la tierra son dignos de una parte en la primera resurrección, y quienes de sus multitudes vivientes son dignos de traslación, puntos que deben ser determinados antes que el Señor aparezca.
  11. Que la tumba, hacia la cual todos tendemos, expresada por la palabra hebrea “sheol” y la palabra griega “hades,” es un lugar o condición, donde no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría, Ecl. 9:10.
  12. Que el estado al cual somos reducidos a la muerte es uno de silencio, inactividad y com­pleta inconsciencia. Sal. 146:4; Ecl. 9:5, 6; Dan. 12:2.
  13. Que fuera de esta prisión de la tumba, será levantada la humanidad por una resurrección corporal: los justos teniendo parte en la primera resurrección, que se efectúa a la segunda venida de Cristo; los impíos, en la segunda resurrección, que se efectúa mil años des­pués.
  14. Que a la trompeta final, los justos vivos serán transformados en un momento, en el abrir de un ojo, y que los justos levantados serán arrebatados para encontrar al Señor en el aire, para estar siempre con el Señor. 1 Tes. 4:16, 17; 1 Coro 15:51, 52.
  15. Que estos inmortales son entonces llevados al cielo, a la Nueva Jerusalén, a la casa del Padre, en la cual hay muchas mansiones (Juan 14: 1-3), donde reinan con Cristo mil años, juzgando al mundo y a los ángeles caídos, o sea, estableciendo el castigo que será ejecu­tado sobre ellos al final de los mil años (Apoc.20:4; 1 Coro 6:2, 3); que durante este tiempo la tierra yace en una condición desolada, caótica (Jer. 4:23-27), como en el principio, por el término griego “abussos” (abismo sin fondo, Gén 1:2 de la Septuaginta); y que ahí es confinado Satanás durante los mil años (Apoc. 20:1, 2). Y ahí finalmente destruido (Apoc. 20: 10; Mal. 4: 1) el teatro de la ruina que ha forjado en el universo, apropiadamente es hecho por un tiempo su sombría prisión, y luego el lugar de su ejecución final.
  16. Que al final de los mil años el Señor desciende con su pueblo y la Nueva Jerusalén (Apoc. 21:2), los impíos muertos son levantados y salen a la superficie de la tierra aún no renovada, y se reúnen alrededor de la ciudad, el campo de los santos (Apoc. 20:9), y fue­go desciende de Dios fuera del cielo y los devora. Ellos son entonces consumidos, raíz y rama (Mal. 4:1), viniendo a ser como si nunca hubiesen sido (Abdías 15, 16). En esta perdición eterna de la presencia del Señor (2 Tes. 1:9), los impíos encuentran “”el tormento eterno” amenazado contra ellos (Mal. 25:46), que es la muerte eterna. Rom. 6:23; Apoc. 20: 14, 15. Esta es la perdición de los hombres malos, el fuego que los consume es el fuego para el cual “los cielos que son ahora, y la tierra, son… guardados”, que abrasará aún los elementos con su intensidad, y purgará a la tierra de sus manchas más profundas de la maldición del pecado. 2 Pedro 3:7-12.
  17. Que nuevos cielos y una nueva tierra surgirán por el poder de Dios de las cenizas de los anteriores, y esta tierra renovada con la Nueva Jerusalén como su metrópolis y capital será la herencia eterna de los santos, el lugar donde los justos morarán para siempre. 2 Pedro 3:13; Sal. 37, 11, 29; Mal. 5:5.

“NOTA: Las Creencias Fundamentales 14. 15 Y 16 no aparecieron en este artículo de la Signs of the Times por Jaime White. Hay 25 principios en este artículo. Los tres omitidos que harían un total de 28 fueron publicados por Uriah Smith en 1872 y los 28 principios completos fue­ros también publicados cada año en el Anuario Adventista del Séptimo Día entre los años 1889-1914. Debido a que Jaime White y Uriah Smith eran coeditores en la Advent Review and Sabbath Herald existía gran unidad entre estos dos pioneros adventistas. Ambos hombres estuvieron con este pueblo desde el principio y ambos hombres sufrieron el Gran Chasco de 1844. Esta publicación de 25 Principios Fundamentales por Jaime White fue el primer número en la primera edición de la Signs of the Times. Se desconoce por qué Jaime White escogió omitir estos tres principios. La publicación de Uriah Smith de los Principios Fundamentales fue hecha en formato de panfleto. Los Anuarios ASD se publicaron en formato de libro. Quizás Jaime White redujo los principios a 25 por motivos de espacio en el formato mensual de una revista. Uno puede tener la seguridad de que todos los pioneros adventistas del séptimo día estuvieron en total armonía con el contenido de estos tres principios. (Ver Prefacio por Jaime White arriba.) Los principios omitidos 14 15 Y 16 se incluyen abajo.

14. Que los seguidores de Cristo deben ser un pueblo peculiar no siguiendo los dictados ni conformándose a las maneras del mundo; ni amando sus placeres ni fomentando sus extrava­gancias por cuanto tal como dice el apóstol “cualquiera que quisiere ser” en este sentido “amigo del mundo” se constituye en enemigo de Dios” (Santiago 4:4); y Cristo dice que no podemos tener dos señores o al mismo tiempo servir a Dios y a Mammón. Mal. 6:24.

15. Que las Escrituras insisten sobre la sencillez y modestia del vestido como una señal dis­tintiva de discipulado en aquellos que profesan ser seguidores de aquél que fue “humilde y contrito de corazón” que el llevar oro perlas y arreglos costosos o cualquier cosa diseñada para meramente adornar a la persona y fomentar el orgullo del corazón natural debe ser descartado de acuerdo a Escrituras tales como 1 Tim. 2:9. 10; 1 Pedro 3:3. 4.

16. Que el medio de soporte de la obra evangélica entre los hombres debe ser aportado por amor a Dios y amor a las almas no generado por loterías de iglesia u ocasiones diseñadas para contribuir a las inclinaciones festivas e indulgentes del apetito del pecador tales como ferias, festivales, juegos o reuniones sociales inadecuadas, etc; los cuales son una desgracia a la iglesia profesa de Cristo; que la proporción de nuestras entradas requeridas en las ante­riores dispensaciones no pueden ser menores bajo el evangelio; que es la misma de Abraham (cuyos hijos somos, si somos de Cristo Gál. 3:29) cuando dio un décimo de todo (Heb. 7: 1-4); el diezmo es del Señor (Lev. 27: 30); y este décimo de nuestras entradas también es suple­mentado con ofrendas de aquellos que pueden para el sostenimiento del evangelio. 2 Coro 9:6; Mal. 3:8. 10.

Respaldo del Espíritu de Profecía

“Los pasados cincuenta años [1906 > 1844] no han disminuido una jota o principio de nuestra fe, tal como recibimos las grandes y maravillosas evidencias que nos fueron manifestadas en 1844, después que pasó el tiempo….” escribió Elena White. “Ni una palabra ha sido cambiada o negada”[2].

“Lo que el Espíritu Santo atestiguó como verdad después que pasó el tiempo, en nuestro gran chas­co, es el sólido fundamento de la verdad”, afirmó además Elena White “Los pilares de la verdad fueron revelados, y nosotros aceptamos los principios fundamentales que nos han hecho lo que somos – Adventistas del Séptimo Día, guardadores de los mandamientos de Dios y teniendo la fe de [no EN, sino DE] Jesús”[3].

“Fui instruida para instar a nuestros médicos y ministros a tomar una posición firme por la verdad”, aconsejó Elena White. “Dios nos ha conducido en el pasado, dándonos la verdad, la verdad eterna. Esta verdad debemos exaltar”[4].

“Dios nunca se contradice a sí mismo…declaró Elena White. “Pero nos mantenemos firmes con los viejos hitos… la verdad que por los pasados cincuenta años Dios ha estado dando a su pueblo, sustentándola por la demostración del Espíritu Santo[5].

 

[1]Jaime White, Editorial, Signs of the Times, 4 de Junio de 1874, Vol. 1, Núm. 1; The Living Witness [El Testimonio Viviente], “Significant Articles from the Signs o, the Times [Artículos Significativos de Signs o, the Times],” Pacific Press Publishing Association, 1959, pp 1, 2.

[2]The New York Instructor, 7 de febrero de 1906; también; The Upward Look [Alza Tus Ojos]. p. 352. énfasis añadido.

[3]Ibid, The Upward Look, p. 352, énfasis añadido.

[4]Selected Messages. vol 1. p. 162. énfasis añadido.

[5]Carta 329. 1905. (Notebook Leaflets from the Elmshaven, Library [Cuadernos de la Biblioteca de Elmshaven]. Vol. 2. pp. 157. 158, énfasis añadido)

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